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Adam Smith: Más allá de la caricatura

Actualizado: 14 feb

En un mundo donde las ideas complejas a menudo se reducen a simples caricaturas, es crucial cuestionar las caricaturas que rodean a figuras históricas como Adam Smith. ¿Realmente promovió el egoísmo como la única motivación humana? Esta semana, en Chile, se celebra un congreso en el CEP para conmemorar el 300º aniversario del nacimiento de Smith, el famoso economista y filósofo del siglo XVIII. Una propuesta para ir derribando esta caricatura, y sugerir tal vez un sospechoso: Bernard Mandeville.


Mandeville, el filósofo y economista del siglo XVIII, fue politícamente muy incorrecto y desafió valientemente las ideas morales de su época. Argumentó que los impulsos egoístas y los vicios individuales no eran vicios en absoluto, sino motores esenciales del progreso social. Si bien su visión no carecía de críticas morales, postuló que la búsqueda del propio interés fomentaba la creación y el intercambio de bienes y servicios, pilares indispensables para el florecimiento económico. Su memorable metáfora de la colmena de abejas nos ofrece un vívido cuadro de cómo los impulsos egoístas pueden desencadenar un vertiginoso auge económico y una explosión en la producción de bienes.


La huella de Mandeville en Smith es innegable, sintetizada en la célebre cita de Smith: "No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de quien esperamos nuestra cena, sino de su consideración por su propio interés" (Smith, "La Riqueza de las Naciones", 1976, pág. 18). Esta frase resume el papel fundamental del egoísmo en el desarrollo económico y social, particularmente en un mercado libre y competitivo, donde la búsqueda del interés propio, de manera indirecta, promueve el bienestar de toda la sociedad.


Smith, sin embargo, fue mucho más allá. Introdujo la noción de la "mano invisible", que ilustra cómo las acciones egoístas individuales pueden, sin planificación, generar resultados beneficiosos. Pero su visión no se detiene en el egoísmo. Desde la perspectiva del mercado, Smith destaca la importancia de un mercado libre y competitivo como requisitos fundamentales para lograr un bienestar social ampliado y a su vez criticando fuertemente al mercantilismo y los monopolios. A nivel personal, enriquece la noción egoísta al incorporar la tendencia innata de los seres humanos a sentir empatía hacia los demás. Aquí reside la distinción crucial entre Smith y Mandeville: Smith humaniza su visión al considerar la empatía como contrapeso al egoísmo, en contraste con la mirada más pesimista y carente de empatía de Mandeville.


En este contexto, el Congreso del CEP, es una excelente iniciativa. Si alguna caricatura persiste, quizás el culpable original fue Mandeville, pero es hora de mirar a Smith y apreciar la riqueza de su legado intelectual, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro mundo en constante evolución. Smith nos invita a ser no solo individuos racionales en busca de nuestro propio interés, sino también seres humanos empáticos y éticos en la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Cristián Rubio Adriasola

Director de ChileSuma y alumno del magister de filosofía política UAI


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